This website uses cookies

Read our Privacy policy and Terms of use for more information.

El voto y los mercados

La política no es sólo un ciudadano votando en unas elecciones, también puede ser el mercado “votando”.

Hoy en día, vemos un mercado que “vota” cuando se resiente, asciende verticalmente o se estanca. No solo decidimos en urnas, leyendo artículos o criticando políticos en redes sociales, también en qué compramos y en quiénes compran.

En este artículo vamos a explorar cómo los mercados ayudan a construir la política que vemos en nuestro día a día que influye más de lo que creemos.

Los mercados y la política, una relación ambivalente

Los mercados, cuando los índices, empresas, bonos y demás activos fluctúan, ejercen su participación política de una forma simbólica.

Un ejemplo muy claro es el sucedido recientemente en los mercados, dada la tensión en Irán por la falta de diálogo. Los antecedentes de lo sucedido se remontan al alto al fuego de junio y la próxima decisión acerca de los tipos de interés en EE.UU. por parte de la Reserva Federal.

Fruto de ese miedo por el conflicto y los tipos de interés, los índices principales del mundo se han resentido y caído unas décimas o pequeños porcentajes en algunos casos.

Con eso, podemos interpretar este mensaje de una forma, y es que los inversores han moldeado el mundo que imaginan. Pues al resentirse los índices, han mostrado menos confianza en el corto plazo por las economías europeas, norteamericanas y del resto del mundo desarrollado.

Esto no necesariamente implica que no puedan poner una solución, pero sí que existe un gran riesgo de inflación, tipos de interés y miedo por la resiliencia de los mercados de Occidente dado al conflicto en Irán, pues el país persa tiene control de las aguas por las que circula el 20% de suministro del petróleo global.

Esta falta de confianza pone el “voto” en una cuestión concreta, y es en que las economías emergentes tengan una oportunidad de crecer mientras que el mundo desarrollado defiende capital al desviarse las inversiones a bonos y activos defensivos.

Este voto no es la realidad necesariamente, es una percepción que, como si de una partida de ajedrez se tratara, que hace que el otro jugador mueva otras fichas debido a que los inversores se han movido.

Aunque conviene matizar, pues en una fase de miedo más temprana la rentabilidad se dirige a activos seguros como bonos, oro o divisas fuertes, mientras que en otra más expansiva y que se pueden asumir más riesgos los inversores buscan otros activos de mayor riesgo que dan paso a una serie de cambios que mencionaremos a continuación de la mano de un gran teórico.

Uno de los grandes teóricos sobre esta materia es Giovanni Arrighi.

En una de sus obras argumenta que, cuando los mercados de las grandes potencias o de los países más poderosos dejan de prevalecer, la rentabilidad se redirige hacia los mercados emergentes.

Estos países, que reciben una mayor inversión, son capaces de crear una economía robusta capaz de imponerse a las de las potencias dominantes.

El autor italiano, en su celebérrima obra The Long Twentieth Century: Money, Power and the Origins of Our Times, trata el caso de Gran Bretaña como una potencia con una economía colosal que fue el centro comercial y financiero el siglo XIX y XX que fue opacada por EE.UU. y la Unión Soviética durante el siglo XX.
Imagen: https%3A%2F%2Ftse4.mm.bing.net%2Fth%2Fid%2FOIP.tMGoOVnvcMd3CgCMULG4cAAAAA%3Fr%3D0%26pid%3DApi&sp=1787222222T92b4462fb505c3a0c9fb893746c47e39058e9dd2d344d9b478c4a17e2e07cd24

Aquí el mercado participa de un modo, y es aportando su grano de arena por cada inversor para que una economía pueda superar a otra y dar un impulso a la contraria para diseñar un mundo diferente.

Los mercados aquí se retratan como una fuerza que acelera el cambio del funcionamiento del mundo por un lado u otro. Si deciden invertir en un país que tiene ciertas políticas y leyes respecto a un tema concreto, pueden favorecer que el mundo considere correctas esas políticas y regulaciones.

Otro ejemplo muy interesante es también algo muy actual —además de suscitar mucho más interés— sobre la bolsa y es cómo, en tiempos de euforia con la IA, los inversores al invertir en sus empresas y financiar su infraestructura, están “votando” económicamente por diseñar un mundo con unas características concretas: con una tecnología que, según en lo que se invierta, realiza unas u otras habilidades.

Se trata de una forma de acelerar el cambio más allá de la política que tiene un matiz que puede suponer un riesgo bastante peligroso, y ese es que esa euforia, esa rentabilidad y esos sueños ideales con tecnología como la IA sean capaces de barrer la economía real y derivar en expectativas tan altas que sean imposibles de cumplir.

Supongamos que Sam Altman, fundador de OpenAI y del archiconocido chatbot ChatGPT anuncia un nuevo proyecto de la empresa que se trata de un nuevo asistente de IA que sea capaz de conducir un coche por sí mismo.

Este asistente, durante sus pruebas, resulta tener un accidente que resulta en las imágenes de un estrepitoso accidente que dan la vuelta al mundo en toda la web. Los inversores institucionales que financiaron su tecnología de forma privada —ya que OpenAI no cotiza en bolsa— puedan frenar futuras inversiones y poner en jaque la empresa.

Una situación en la que las expectativas sean demasiado altas por una tecnología demasiado futurista o compleja hacen que el riesgo de fracaso derive en una burbuja, tal y como ha pasado en los 2000 con Internet o en 2008 con los inmuebles.

No es un fracaso el problema, es la pérdida de confianza en crear nueva tecnología debido a especulación más que innovación.

¿Votar es invertir?

Aún con todo esto, no necesariamente significa que votar en las urnas no sirva de nada. Los mercados “votan” simbólicamente, yendo más allá de acudir a las urnas y de protestar en redes sociales por una nueva proposición de ley aprobada en la última sesión de gobierno que nos parece un sinsentido con el que podemos no estar nada de acuerdo.

Es una forma de participar con matices que tiene una característica transformadora, que trasciende a la política a la que estamos acostumbrados y que es tremendamente desigual, pues el capital está en manos de personas con cantidades muy desiguales, pues no todos tienen el mismo capital y relevancia que otros.

No podemos comparar nuestras participaciones de un fondo de inversión para nuestra jubilación con una gestora de fondos como BlackRock, que dispone de fondos enteros y un largo etcétera de recursos financieros.

Conclusión

Pese a que los mercados, inversores institucionales y demás no sean capaces de votar por sí mismos, sí ejercen simbólicamente una cosmovisión del mundo y moldearlo, al financiar unas u otras tecnologías o también empresas de otros países, al decidir hacer más prósperas unas economías frente a otras.

Por ello, debemos leer entre líneas los inversores y grandes jugadores del tablero de la bolsa para entender cómo son los “arquitectos financieros” del mundo en el que vivimos y su papel dando forma a la vida de una forma que probablemente no seamos del todo conscientes.

Si conocemos esto, podemos tomar decisiones financieras que aporten un grano de arena en formar el mundo que queremos, pues el mercado no solo es rentabilidad, es también buscar las inversiones que tengan en cuenta los principios éticos.

❝

Si te han hablado de la bolsa y no te fías por los gurús de Internet y sus “lambos”, este es tu sitio.

Aquí aprendemos a invertir con conocimiento y estrategia para lograr la libertad financiera.

Campus y Bolsa ™

Somos estudiantes jóvenes que queremos invertir que, para superar el miedo, nos unimos en una comunidad hecha por y para nosotros donde aprendemos a invertir con seguridad.

Reply

Avatar

or to participate