Quien es quien: falacias y sesgos cognitivos
En nuestras vidas, tomamos muchas decisiones que creemos que son racionales, pero muchas veces no lo son.
Decisiones que creemos que son las más “racionales”, pero de racional, tienen poco.
Ir a un restaurante lleno porque todos van.
Leer la única búsqueda de Google que nos da la razón.
Ver noticias de periódicos con nuestra ideología política.
Podría dar innumerables ejemplos más, pero el patrón es el mismo: saber qué es lo mejor cuando necesitamos algo, y no cumplirlo.
Hay que destacar que esto se da —principalmente— por dos razones, que son los sesgos cognitivos y las falacias.
Los sesgos cognitivos son algo psicológico, es decir, algo en nuestra cabeza que “funciona mal” al pensar. Nuestra mente, en su esfuerzo casi atlético por no gastar energía, piensa menos y peor.
No necesariamente “funciona mal”, pero sí piensa de una forma que se olvida de información importante de forma deliberada.
Las falacias están en las palabras que decimos, cuando decimos algo que parece real y no lo es. Aquí no tiene porque “funcionar algo mal” cuando pensamos, se trata mas bien de nuestro lenguaje e idea/s que expresamos.
Un ejemplo de una falacia es cuando un profesor nos dice que algo es cierto porque “Él es profesor” y no por la evidencia y papers que dicen lo contrario. Esa falacia se llama Falacia de autoridad.
Otra falacia es cuando, en vez de atacar una idea, se ataca a quién la dice. La política es el más famoso de los ejemplos, cuando se critica al otro partido político o al adversario, eso se llama falacia ad hominem
Nuestra mente, en su esfuerzo casi atlético por no gastar energía, piensa menos y peor.
Sesgos y falacias en la bolsa
En la bolsa y con nuestros ahorros, pasa exactamente lo mismo. Vemos un mercado bajista, un comentario del presidente de EE.UU. de turno, una guerra, un fracaso diplomático, y la bolsa pasando por un mal momento. Lo más peligroso es cuando cedemos a estos instintos, y tomamos la decisión de vender.
Esto es lo que se llama “sesgo de aversión a la pérdida”. A nuestro cerebro no le gusta perder, así que, aún sabiendo que es peor la inversión actual que perder dinero, prefiere dejarla, aún viendo un colapso inminente.
Nuestra estrategia se rompe, nuestro asesor financiero echa humo por las orejas y el dinero deja de multiplicarse. Cuando eso pasa, celebramos la “victoria” de esos euros ganados antes del “Apocalipsis” o en su caso decimos “Podía haber perdido más” porque a nuestra mente le encanta ver el lado bueno de las cosas, aún con todas sus consecuencias.
Tras varios años, cuando estamos atados a un trabajo que no nos gusta, nos cuesta llegar a fin de mes o tenemos un imprevisto, vemos que no tenemos dinero que nos proteja, y ahí es cuando nos preguntamos qué ha pasado. Lo que ha pasado es que hemos sacrificado el presente por el futuro, sin ver qué consecuencias tiene esa venta.
Muchas veces lo hemos tomado por lo que hemos leído, por un TikTok o un vídeo alarmista de YouTube. Todo sin evidencia, sin rigor y con una narrativa. Eso se trata de una falacia, porque alguien ha explicado una idea. Es por eso que es necesario estar informado desde el principio y, sobre todo, pensar de una forma lo más racional posible.
No llegaremos nunca a ser el “ChatGPT” de nuestro grupo de amigos, pero sí de tomar decisiones que nos permitan lograr la libertad financiera, para que no dependamos únicamente de un trabajo o una pensión pública y dejar de hacer tantas matemáticas en nuestras vidas.
Todo esto, al final, se trata de entender los riesgos de nuestra inversión, tener una estrategia, y seguir esta estrategia con una disciplina de hierro.
¿Cuál ha sido mi experiencia? El sesgo doméstico
En mi experiencia, he tenido algunos sesgos cognitivos. Durante una temporada hace unos meses, operé en un ETF indexado1 al IBEX 35.
Pese a los buenos resultados que tuve, me di cuenta de algo:
¿Un sector tan cíclico y con tan poco potencial de crecimiento merece la pena?
Me di cuenta de que tenía un sesgo cognitivo, porque creí que, por ser español, operar en este mercado me daría ventajas por conocer mejor las empresas.
Eso es lo que las investigaciones llamaron sesgo doméstico, que se trata de creer que, porque una inversión es cercana a nosotros, la conocemos mejor que otros inversores y nos dará más rentabilidad.
Por lo que, tras unos meses, me retiré del ETF con una buena rentabilidad y, ahora, tengo mi otro “experimento” en mi cartera del que próximamente hablaré.

El IBEX 35 es un sector emergente pero muy enfocado en sectores, llamados “value” por las empresas que tiene, por lo que tiende a crecer menos en el futuro.
Porque, al final, si no sabemos qué es lo que queremos o cómo vamos a lograrlo, no lograremos lo que queremos.
Si te han hablado de la bolsa y no te fías por los gurús de Internet y sus “lambos”, este es tu sitio.
Aquí aprendemos a invertir con conocimiento y estrategia para lograr la libertad financiera.
Somos estudiantes jóvenes que queremos invertir que, para superar el miedo, nos unimos en una comunidad hecha por y para nosotros donde aprendemos a invertir con seguridad.
1 Para los menos familiarizados: cuando invertimos en algo indexado, se trata de un producto que “copia” a una referencia del mercado. En mi caso, se trataba de un ETF (Fondo de inversión que cotiza como una acción) que copiaba un índice con las 35 empresas más grandes de España (IBEX 35).
