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Este fin de semana, me encontré en redes sociales con un vídeo cuyo mensaje me dejó pensando.

El vídeo trataba sobre el día del trabajador, en él, se empoderaba a los trabajadores para conmemorar su memorable esfuerzo por unas mejores condiciones de trabajo. En un momento, antes de entrar de lleno, llegó a decir que los “rentistas” eran “parásitos”. Al decir eso, no pude evitar pensar: ¿Por qué ese prejuicio?

¿Qué es el rentismo?

El rentismo consiste en depender económicamente de las rentas de tu capital —es decir, tu dinero genera dinero—. Sin embargo, la crítica de aquel vídeo no tiene en cuenta algo muy importante, que es todo el esfuerzo que hay detrás:

  • Ese esfuerzo que hay calculando riesgos de esa compra.

  • Confiando en que una empresa “resista” a esa crisis.

  • Pagando a un asesor financiero para que nos ayude a decidir mejor.

Todo para simplificarlo en el mantra de ser “un parásito” por vivir de todo ese esfuerzo.

Esta visión del rentismo es una simplificación, que convierte la idea de invertir dinero en otra cosa, que no tiene nada que ver con lo que realmente hay tras ese mantra. Ganar dinero por medio de rentas, no es algo libre de riesgo que permite al inversor vivir tranquilamente.

La visión deformada se trata de una falacia del hombre de paja, ya que retrata al rentista de una forma que no tiene en cuenta su verdadera realidad. No considera cosas como sus compras de activos asumiendo riesgos y costes que no existen en todos los contextos. Un trabajador —por poner un ejemplo—no asume los mismos riesgos que un rentista a la hora de ganar dinero en su trabajo. Mientras el trabajador dedica una jornada laboral a una actividad dentro de una empresa, el rentista usa su dinero para que le de un rendimiento.

Sin embargo, el rentismo puede tener muchas formas:

  • Puede ser un gran patrimonio comprando inmuebles, fondos de inversión con inversiones mínimas de miles de euros del estilo hedge funds o invirtiendo en empresas startups.

  • O, en su lugar, una persona que invierte los 20€ al mes que a duras penas le “sobran” para poder jubilarse tranquilo ante una pensión cada vez más baja.

Los dos aportan —dejando al lado la cuestión moral como por ejemplo el encarecimiento de ciertos activos— al sistema productivo de diferentes formas, aportan haciendo que empresas mejoren sus productos o servicios, haciendo que fondos de inversión sean seguros por si alguien vende sus participaciones o poniendo en el mercado viviendas para que otros puedan vivir en ellas.

No culpo este sesgo, porque, a lo largo de la publicación o reel, se recurrían a conceptos de la tradición marxista.

Un poco de historia de las ideas: el marxismo

La tradición marxista nace en el siglo XIX de la mano de Karl Marx y Friendrich Engels. En sus obras, tratan la evolución de la historia en torno a la lucha entre diferentes grupos, en el que, uno dominaba sobre el otro. Eso es lo que llamaron materialismo histórico.

Entre estas llamadas luchas de clases, estaban los capitalistas y el proletariado. Los capitalistas eran los que disponían del capital en todas sus formas, que puede ser económico —como una moneda de 1€— o productivo —una fábrica—. El proletariado era el que vendía su tiempo a cambio de dinero trabajando en una fábrica.

Para el marxismo, el capital o todo lo que se relaciona con él, se trata de una herramienta para servir a este grupo de capitalistas, que se enriquecían porque, al disponer del capital, obtenían rentabilidad.

Karl Marx en su obra Manifiesto del Partido Comunista llegaba a la conclusión de que la historia ha avanzado por la lucha de dos grupos en el que uno tenía el control de lo que producía riqueza —medios de producción— y el otro no.

Desde los patricios y los esclavos en Roma, pasando por los nobles y los campesinos en la Edad Media hasta la burguesía/capitalistas y el proletariado en el siglo XIX.

Sin embargo, pese a que se siga dependiendo de intercambiar tiempo por dinero, el mundo ha cambiado mucho. Ha pasado de dar oportunidades de crear capital de una minoría a la inmensa mayoría gracias a un móvil e internet.

Entre otros cambios, algunos de los más importantes, el mundo moderno ha permitido que las Sociedades Anónimas repartan capital, en el que fondos de inversión son accesibles a unos pocos clics en nuestro teléfono y en el que hay plataformas online para vender casi cualquier cosa.

Las oportunidades son mucho mayores y las ideas de Marx y Engels han quedado atrás, porque ya no sólo hay fábricas o acciones de empresas que sólo los ricos podrían comprar. En la actualidad hay:

  • Fondos de inversión que no requieren un mínimo para empezar a invertir.

  • Comisiones poco abusivas y, al menos en la UE, hay leyes que limitan estas comisiones.

Estas ideas de hace 200 años, en gran parte, se han convertido en vestigios de otra era. Hoy en día, hay muchas más oportunidades para lograr aumentar nuestro poder adquisitivo y un mundo diferente de aquel lleno de trabajadores con sueldos miserables y fábricas.

En el siglo XXI, NO vivimos en aquel capitalismo de Marx. En tal caso, viviríamos en algo así como en el “cibercapitalismo”.

Un mundo en el que mercados, startups, IA y gráficos que oscilan han cambiado a esas fábricas, dejando “brechas” a los que queremos saber cómo funcionan esos gráficos y cómo formar parte de ellos.

¿Y ahora qué?

El cibercapitalismo es un mundo en el que el capitalismo ha evolucionado, hasta un punto en el que brinda muchas oportunidades. Una de las más importantes para nosotros —los que somos “mortales”— se encuentra en la inversión y la bolsa.

Antes, para comprar en la bolsa, necesitabas ir a Wall Street o a la bolsa de tu país y hablar personalmente con el llamado corredor de bolsa, que, en las películas sobre Wall Street, es al que un inversor llamaba por teléfono gritándole “¡Compra 4 acciones!”. Esa persona era el puente entre el inversor y la bolsa y se quedaba con una comisión de las acciones que compraba.

Ahora, ya no es necesario gritarle a alguien de una forma tan pintoresca y lo compramos digitalmente, sin acabar teniendo sordera cada vez que compramos una acción o un fondo de inversión.

Esa innovación abre un sin fin de oportunidades que los jóvenes inversores debemos tomar.

Si sumamos a esto, otras innovaciones como la información en tiempo real sobre los mercados, más allá de periódicos que se desactualizaban rápidamente. Podemos tomar decisiones mejor en base a la información sobre los mercados.

Con esto, según el perfil de inversión de cada lector que sea un joven inversor y que esté aprendiendo a invertir pero que todavía no lo haga por miedo. Este contexto nos da la vía libre de crear una cartera que cumpla con la Versatilidad Financiera.

Aquí puedes leer un artículo en el que te explico qué es la Versatilidad Financiera.

Una conclusión

El rentismo, aún con sus matices respecto a lo que aporta al sistema productivo, es una fuente válida y legítima de ganarse la vida, más allá de los prejuicios que engloba. En el mundo moderno, además, el rentismo es mucho más accesible para todos los bolsillos que quieran comprar activos que generen estas rentas, siempre que se hagan calculando los riesgos y con asesoramiento si no se tienen conocimientos.

Como jóvenes inversores, debemos subirnos a este tren, un tren que aparece cuando el sistema tiene bugs al más estilo de un videojuego que nos permiten a los que no somos grandes inversores entrar.

Si todo esto te interesa, bienvenido a Campus y Bolsa.

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