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Introducción

En el artículo de la semana pasada, hemos tratado cómo el capital, la bolsa y los inversores contribuyen con su “voto simbólico” imperfecto e irregular a hacer que el mundo avance de una manera determinada en términos materiales, tecnológicos o incluso sociales.

El día de hoy, vamos a tratar este tema con mayor profundidad de la mano de un caso extremo y cómo podemos aplicar esto los jóvenes inversores para aportar nuestro grano de arena al mundo que queremos construir.

¿Cuál es el caso extremo? Un poco de su historia

Trataremos el caso extremo del controvertido magnate tecnológico Peter Thiel.

Peter Thiel nació en el año 1967 en Alemania. Su trayectoria es bastante larga y pasó de ser un abogado a un administrador de fondos de inversión de cobertura, cofundó varias empresas que dieron lugar a PayPal junto a Elon Musk y creó varias empresas, entre ellas la archiconocida Palantir y varios fondos de inversión y vehículos financieros.

Nacido en Alemania, se mudó a Estados Unidos y estudió en Stanford. Estudió filosofía y posteriormente derecho en la universidad. Desde su infancia, jugó mucho ajedrez y tenía un gran talento.

Durante sus estudios, creó una revista universitaria llamada The Stanford Review —que hoy en día sigue operando— en la que retrataba su visión del mundo, fruto del pensamiento del libertarismo y de la filósofa rusa Ayn Rand.

Rand publicó en el año 1957 el libro La rebelión de Atlas, en el que trata personajes los cuales superan la burocracia, el conformismo y ciertos ideales comunes de las democracias de bienestar en favor del libre mercado y la individualidad.
Thiel consideró este libro y a Rand una gran inspiración en su ideología, llevando estas ideas más allá en el futuro.

El magnate tecnológico fue muy inspirado por la filósofa y absorbió grandes ideales. Sin embargo, no fue un simple seguidor de su filosofía, bebió algunas ideas de ellas además de valores conservadores e incluso antidemocráticos.

La filósofa inspiró en Thiel, junto a su pasión del ajedrez una idea muy importante: los negocios se tratan de una competición suma cero.

Es decir, si uno gana, el resto de jugadores pierden. El capitalismo para Thiel debe de competir en favor del monopolio, no de la libre competencia de empresas.

Su visión en los mercados

Desde inicios de los 2000 invirtió en grandes empresas tecnológicas como Facebook, Google o LinkedIn.

En los años recientes, es donde sus inversiones se ponen interesantes.

Recientemente, alcanzó su estatus como milmillonario y se convirtió en una de las personas más influyentes de las élites tecnológicas de Silicon Valley, capaz de aprobar o desaprobar la creación de imperios tecnológicos con sus inversiones y de financiar campañas del Partido Republicano. Se ha llegado a convertir en lo que se denomina como un inversor ángel.

En el año 2003, fundó con un compañero suyo de la universidad y demás socios Palantir, cuyo nombre procede de la conocida saga de ficción El Señor de los Anillos, que se trataba de una piedra mágica capaz de ver qué sucede en ciertos lugares. Este concepto de ficción es lo que simbólicamente hace esta empresa, fruto del interés y afición personal de Peter Thiel a la saga. En la obra de Tolkien, estas piedras eran capaces de saber todo lo que sucedía en un lugar lejano.

La empresa tiene una función similar, pues ordena, segmenta y encuentra datos para gobiernos, empresas y administraciones públicas para que dispongan de mayor información en su labor y que puedan tomar mejores decisiones.

Esta empresa está inmersa en la controversia recientemente, pues está involucrada en el ejército de los EE.UU. y en el proyecto del Pentágono Project Maven. Este proyecto utiliza la inteligencia artificial y grandes cantidades de datos. Uno de los proyectos más conocidos dentro de Maven es el uso de drones en el contexto militar.

¿En qué ha invertido últimamente?

En los últimos tiempos, Thiel ha invertido en una empresa ambiciosa y distópica: la creación de ciudades privadas. Estas operaciones las hizo de la mano de Pronomos Capital, un fondo de capital-riesgo respaldado por él, orientado a financiar experimentos de ciudades con sus propias regulaciones. Estas ciudades aspiran a tener sus propios impuestos y ser gobernadas de forma privada.

Los derechos de los ciudadanos desaparecen para convertirse en “clientes” de una ciudad hipertecnologizada, como si de Un Mundo Feliz se tratara.

Uno de los proyectos fue muy controvertido, —por obvias razones— llamado Praxis. Es una ciudad hipertecnológica que aspira a tener sus propias normas y sería gestionada de forma privada como una empresa.

La ciudad tiene una estética clásica y su cofundador Dryden Brown, publicó en X comentarios controvertidos vinculados a movimientos ideológicos que mezclan la estética clásica con la revitalización de las sociedades occidentales.

Esta ciudad tiene como fin atraer a personas apasionadas por el mundo clásico occidental pese a no tener ninguna semejanza a este contexto ya que la intención de la ciudad era la creación de una sociedad tecnolibertaria.

Dryden Brown, cofundador de Praxis, en X.
Traducción:
“Desde el principio, Praxis ha existido para luchar por el alma de Occidente.

El espíritu heroico que animó a nuestros antepasados romanos, helénicos y nórdicos regresará con furia, acelerado al unir a los pueblos de Occidente en una nueva red de creencia y acción.

Al percibir esto, muchos periodistas, multimillonarios y burócratas han intentado derribarnos mediante difamaciones, mentiras, la privación de recursos y mucho más. Han aprendido una cosa: hagan lo que hagan, digan lo que digan, no importará. Seguiremos avanzando.

Estamos dispuestos a aceptar cualquier coste personal, cualquier revés, en aras de la victoria final. Cuando las personas ven esto, conseguimos aliados más poderosos que saben, en lo más profundo de su ser, que nuestra misión no es solo noble, sino inevitable.

La red crecerá más allá de las 80.000 personas hasta llegar a los millones; seguiremos cuidándonos mutuamente, construyendo una forma de vida vigorosa derivada de un núcleo espiritual revitalizado, coordinándonos para obtener poder institucional y cultural, construyendo tecnología y contemplando las estrellas en la búsqueda de una vida digna de un imperio de sacralidad que una vez existió y que pronto volverá a existir.

Praxis Invicta.”
Fuente: (1) DRYDEN en X: "From the beginning, Praxis has existed to fight for the soul of the West. The heroic spirit that animated our Roman, Hellenic, and Norse ancestors will return with fury, hastened by uniting the people of the West in a new network of belief and action. Sensing this, many…" / X

La controversia procede de la combinación de su ideología política con lo que veremos tras el siguiente proyecto. Pues en estas ciudades, al ser gobernadas de forma privada, el ciudadano que la habita pierde una serie de derechos fundamentales.

Otro de los proyectos se trata de la ciudad Próspera, la cual forma parte de los ZEDE —Zonas de Empleo y Desarrollo Económico— que el gobierno de Honduras creó para que empresas creen sus propias normas dentro del territorio.

Esta ciudad tiene sus propias leyes privadas y entiende que los ciudadanos no son ciudadanos, sino clientes. Puede parecer, en principio, algo positivo, sin embargo, el cliente no tiene derechos al consumir un bien y servicio.

Si un cliente se niega a unas condiciones para usar su producto, apenas tiene opciones más que desistir de los términos de la empresa. En cambio, en un estado —en especial, en uno democrático— tiene vías de protesta para impugnar decisiones públicas.

Una empresa puede poner cláusulas en sus contratos al comprar o usar sus productos y servicios, sin embargo, estos contratos pueden ser completamente arbitrarios por no existir una ley. Se podrían elevar los precios sin control, vulnerar la intimidad de sus clientes para vender su información, hacerse con bienes suyos porque se aclara en las condiciones.

En estas ciudades privadas, si se materializan, la lógica es privada: no existen tribunales que sean lo más neutrales posibles ni existen instituciones que no velen por los intereses de la empresa.

Por tanto, el ciudadano, al convertirse en cliente, pierde derechos fundamentales que tiene en una democracia. Aunque cabe resaltar que, al menos en el caso de Próspera, esta ZEDE, según la normativa de Honduras, contaba con un tribunal autónomo de carácter público, el cual podía ser garante de esta neutralidad o al menos algo cercano a ello. En este caso se trata de una iniciativa del Estado.

Este proyecto específico procede de la mano del Estado, no de una iniciativa privada exclusivamente, que además depende de la normativa estatal. Sin embargo, el concepto de las ciudades privadas se trata de crear una ciudad enteramente privada, que no dependa de un gobierno. Asimismo, el marco legal de las ZEDE fue impugnado y considerado inconstitucional.

Otro ejemplo —más bien anecdótico—, es cuando se hizo un experimento en un videojuego en el que, al final de sus condiciones de uso llamadas EULA, se afirmaba que, al jugar al juego “vendías tu alma a la empresa”.

Ese caso se trató de una broma, pero es un ejemplo claro de que sin un marco legal, las empresas pueden imponer las condiciones que deseen en sus productos y servicios.

Por eso, estos proyectos se tratan de una forma de expropiar derechos de los ciudadanos de un país si adquieren el carácter esencialmente privado.

Cómo invertir mejor conociendo estos casos

Cuando invertimos, asumimos riesgos y aportamos a empresas que tienen una visión y un problema que pretenden resolver.

Si, por ejemplo, hay un problema de seguridad online, una empresa toma la iniciativa de crear un programa de ciberseguridad y vender su programa para que las personas puedan gozar de seguridad en la web.

Al invertir o no en las empresas, estamos moldeando el mundo que vemos y toda su tecnología. En el caso de los magnates tecnológicos, ellos tienen muchos más recursos, capital y redes profesionales para moldearlo a pasos agigantados como hemos visto con los proyectos de Praxis o Próspera.

La inversión no es neutral, se trata de una forma implícita en la que construimos el mundo “votando” con nuestro dinero.

Por eso, cuando invertimos en fondos que invierten en ciertas empresas, o que cumplen ciertos criterios éticos, estamos promoviendo un mundo con ciertos valores.

¿Deberíamos invertir en fondos de inversión y empresas que protejan el medio ambiente? ¿Debemos invertir en empresas que creen armas o energía nuclear?

Todo eso es algo que debemos responder a partir de nuestro criterio inversor. Si buscas aprender para tener un mejor criterio y decidir con tu dinero mejor en un mundo cada vez más complejo, este es tu lugar.

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