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¿Qué es la burbuja de la IA?

La burbuja de la IA es algo muy debatido debido a la complejidad que hay detrás de su funcionamiento y de su narrativa optimista en la que una serie de factores son los verdaderos causantes del problema.

Cuestiones como grandes préstamos, centros de datos, pronósticos distópicos del futuro según personalidades como Elon Musk o que los robots “nos reemplazarían”.

Las consecuencias, si aparecen, pueden ser catastróficas. Para ello, vamos a examinar una de las burbujas más conocidas que hubo en la economía mundial a comienzos de este siglo, llamada la burbuja puntocom, para intentar comprender cómo podría ser esta burbuja en la actualidad e intentar desmentir los grandes mitos y el miedo detrás del sector.

La burbuja puntocom

En el año 2000, una nueva tecnología que llevaba años desarrollándose apareció, esa es la que hace que puedas leer este artículo: Internet.

Dentro de las grandes empresas de Estados Unidos en índices tales como el S&P 500 o Nasdaq 100, muchas empresas aparecieron con nombres acabados en “.com”.

Estas empresas tenían deficiencias severas, que provocaron su quiebra a inicios del milenio tales como endeudarse sin control y basarse en la venta de grandes relatos y no en vender productos con valor.

Relatos como que “Internet cambiaría la humanidad” o un supuesto modelo de negocio que era perfecto eran una constante, todo por simplemente incorporar “.com” en su nombre o tener algo de “Internet” en su negocio. Estas empresas no creaban valor, eran empresas “fantasma” que vendían relatos y por ello cotizaban alto en bolsa.

Casos paradigmáticos como Pets.com, Webvan, Boo.com, eToys.com, GovWorks o Garden.com quebraron por endeudarse sin crear una infraestructura para su modelo de negocio y no probar su funcionamiento como empresas. Una de las pocas empresas de este período que lograron el éxito fue Amazon.

Las mentes detrás de las empresas no eran arquitectos, eran algo así como vendedores de ideas y de euforia que no lograron ganar la partida por perderse en el relato.

Toda esta burbuja supuso algo catastrófico: Un revés en los índices de Estados Unidos y del mundo tales como el NASDAQ 100 o el S&P 500 que tomaron años en recuperarse, con caídas cercanas al 80%.

El impacto de la burbuja puntocom fue tan grande que necesitó décadas para lograr recuperarse totalmente. Fuente del gráfico: MSN Dinero.

¿Qué tiene esto que ver con la IA y 2026?

Esto se ve de forma parecida hoy en día cuando vemos esa nueva tarjeta gráfica —GPU— que dice tener “IA incorporada” o cuando vemos algo que tuvimos toda la vida que dice tener una “nueva IA”.

¿Nos estaremos acaso acercando a una nueva burbuja puntocom? ¿Se está impregnando la IA en cosas banales junto a la narrativa de que “cambiará el mundo”?

La burbuja puntocom apareció porque se sobrestimó el poder de la narrativa y de la tecnología, ignorando factores como un modelo de negocio funcional, haciendo que muchas empresas no tuvieran un modelo de negocio viable.

Esto hizo que el Internet en estas empresas se volviera una verdadera quimera que terminase por explotar luego de que algunas empresas comenzaran a quebrar por su endeudamiento e incapacidad de vender productos reales.

Hoy en día, en 2026, vemos rondas de financiación de grandes empresas como Nvidia, Apple, Alphabet —Google— , Microsoft o OpenAI de tecnologías de IA, centros de datos, nuevos lenguajes LLM y un largo etcétera. A diferencia de los 2000, las empresas que asumen los colosales costes son enormes y pocas, mientras que a inicios del milenio no habían empresas que asumieran estos costes de infraestructuras.

Esta financiación se hace por algo muy simple: desde el año 2014, empresas como OpenAI llevan trabajando en crear herramientas como ChatGPT. Sin embargo, en ese período no disponían de una infraestructura para gestionar todo lo que supone tener lenguajes y tecnologías que son capaces de automatizar muchos procesos en la producción de bienes y servicios.

Para esta infraestructura, se requieren inversiones multimillonarias para funcionar, haciendo que, sólo en el año 2026, las empresas Microsoft, Apple, Alphabet y Amazon inviertan aproximadamente 650.000M de dólares —llamada inversión CAPEX— frente a los 381.000M de dólares de 2025 sólo en servidores, centros de datos y chips avanzados para crear esa infraestructura.

Centro de datos de Aragón de Microsoft. Se han anunciado recientes ampliaciones del centro para aumentar su capacidad.

En los lejanos años 2000, la idea era similar, una gran financiación y una narrativa potente, con un modelo de negocio poco claro que simplemente “se sube al tren de la IA” para ser tecnológico con sus matices que veremos más adelante.

Narrativa: las utopías o distopías.

Puede que la IA logre no colapsar luego del endeudamiento masivo para consolidar su infraestructura o que sí lo haga —escenario sobre el cuál la historia suele dar la razón—. Pero, más allá de ello, algunas personalidades detrás de la IA e incluso algunos charlatanes han planteado ciertos escenarios.

Elon Musk planteó recientemente un escenario. Uno en el que la IA logró ser tan productiva que lograba hacer actividades productivas y el gobierno daba un sueldo universal a sus ciudadanos. Tanto así que la sociedad se mantendría a ella misma gracias a ello. Pero ¿Cuán realista es eso?

El magnate tecnológico menciona en su X en abril de este año que, al menos en EEUU, este sector podría dar cheques del gobierno federal fruto de sus rendimientos productivos, haciendo que el trabajo sea opcional.
Fuente: X

Hay demasiados sectores que necesitan fuerza humana para funcionar: supervisión en el proceso, informes, contraste de sesgos y errores de cálculo además de un largo etcétera.

El desempleo estos años es probable que aumente, pero no porque la “IA nos vaya a sustituir”, sino porque, simplemente, hay trabajos que es mejor que haga una IA.

Trabajar en una cinta de fábrica colocando objetos es mejor y moralmente preferible para un robot, porque así una persona puede esforzarse en algo que merezca la pena y sea menos monótono. Un trabajo de ese calibre agota tanto física como mentalmente y es preferible que lo haga un robot con tecnología de IA.

Otro caso paradigmático se trata de Corea del Sur, en la que el jefe de la política presidencial del país Kim Yong‑beom —que se encuentra en el seno ministerial de su gobierno—, señala que el gobierno debería pagar una especie de “dividendo” a los ciudadanos con impuestos fruto de las ganancias de la IA considerando el contexto de empresas como Samsung.

Según el político, la idea no busca crear nuevos impuestos, pretende redistribuir los beneficios que aporta al país la IA.

Otras personalidades importantes han tratado esta utopía —o no tan utopía— como una forma de vender miedo. Todo esto diciendo que es mejor “invertir en IA antes de que la IA domine el mundo”.

No es “subirse al tren” antes de que sea tarde, se trata de una forma de vender uno de los instintos más antiguos del ser humano: el miedo.

Desde las cuevas de la prehistoria hasta el siglo XXI, el ser humano tuvo miedo. Pudo haber sido por un voraz oso merodeando por la cueva donde la tribu tenía su campamento, hasta por máquinas en fábricas llenas de humo que “sustituirían” a los trabajadores en el siglo XIX hasta por “IAs” que se decía que trabajarían por los humanos para sustituirlo.

El miedo existió a lo largo de toda la historia hacia las grandes innovaciones. Que no por ello debe de innovarse con cautela para que estas logren lo mejor para la humanidad.

Entonces ¿Qué es la burbuja de la IA?

La burbuja de la IA es una contradicción fruto de tres factores.

  • Un exceso de capital

  • Narrativa de inevitabilidad

  • Retornos poco claros

Se ha invertido masivamente en mantener una infraestructura que no es rentable en el corto plazo. Además, muchas personalidades importantes dentro de la IA hablan de que sustituirá el trabajo normal por sueldos universales y de que hay que comprar acciones de estas empresas antes de que “dominen el mundo”. Y para rematar, su rentabilidad frente a lo que se ha invertido en ellas es nula, añadiendo más riesgo en el futuro.

Invertir en la era de la IA

Como jóvenes inversores, debemos de ser conscientes de todo lo que significa lo que está pasando en estas grandes empresas para planificar nuestro futuro.

Es lógico esperar algún tipo de recesión en los próximos años fruto de una sobrestimación del sector. Esto debido al CAPEX —inversión de capital por empresas— en centros de datos, chips y servidores para crear una infraestructura.

No es que la IA sea un fraude, sino que es algo más incómodo: un sector en el que el dinero y las expectativas son mayores que su adopción y los beneficios.

Por lo que, los jóvenes inversores, ya desde antes de ese escenario complicado, debemos de crear una máquina que tenga una guía clara para salir airados de esa posible burbuja.

Ahí es donde entra la Versatilidad Financiera, que es un marco que puede ayudarnos a crear una cartera asumiendo riesgos con cabeza para lograr nuestros objetivos.

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